El efecto "Breaking Bad"; enfermos terminales tienen más probabilidad de delinquir
- Juan Carlos Ramírez

- hace 19 horas
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Por Delator.- Es muy probable que conozcas la serie televisiva Breaking Bad. En ella, Walter White (Bryan Cranston) un profesor de química, recibe la noticia de que padece cáncer de pulmón terminal, por lo que decide “cocinar” metanfetaminas, con el objetivo de dejar un fondo económico a su familia tras su fallecimiento. La serie nos muestra no solo las decisiones que llevan a White a convertirse en un verdadero capo de la droga, si no cómo un golpe a la salud puede cuestionar (y en este caso desmantelar) las barreras morales de una persona.
Pero ¿es real el efecto "Breaking Bad"? ¿Existe ciudadanos respetuosos de la ley que recurren al delito cuando la enfermedad los aborda? De acuerdo con un fascinante estudio de los economistas Steffen Andersen, Elin Colmsjö, Gianpaolo Parise y Kim Peijnenburg, la respuesta es un rotundo sí.
Utilizando un conjunto masivo de datos de Dinamarca, estos investigadores descubrieron una correlación sorprendente: un diagnóstico de cáncer aumenta la probabilidad de cometer un delito en aproximadamente un 14 %. Aunque el porcentaje pueda parecer bajo, no deja de ser revelador de cuán frágil puede ser nuestra adhesión al contrato social cuando nos enfrentamos a una muerte inminente.
El estudio
Los investigadores analizaron datos de 368 mil 317 personas diagnosticadas con cáncer entre 1980 y 2018 en Dinamarca. Al vincular los registros médicos con los registros penales, rastrearon el comportamiento de estos pacientes en comparación con un grupo de control de personas similares que aún no habían sido diagnosticadas.
En el año inmediatamente posterior al diagnóstico, las tasas de delincuencia entre los pacientes disminuyen ligeramente. Esto tiene una explicación sensata: la quimioterapia y la radioterapia son procesos físicos extenuantes. “Someterse a un tratamiento oncológico es físicamente extenuante y obliga al paciente a visitar o permanecer en el hospital durante largos periodos”, señalan los autores.
Pero a medida que el impacto físico inmediato desaparece o disminuye considerablemente, -lo cual ocurre aproximadamente dos años después del diagnóstico- la probabilidad de infringir la ley se dispara. Este efecto se intensifica durante los años siguientes y persiste durante más de una década.
Los resultados no solo contemplan a delincuentes profesionales que regresaron a sus viejos hábitos después del tratamiento. El estudio descubrió que el cáncer impulsa a personas con antecedentes limpios a infringir la ley por primera vez.
Entre 1960 y 1970, los economistas Gary Becker e Isaac Ehrlich desarrollaron la teoría del “criminal racional”. Esta teoría establece que los criminales no son necesariamente personas "malas", sino actores racionales que sopesan las posibles recompensas de un crimen frente a la probabilidad de ser atrapados y la severidad del castigo.

Fig 1: La gráfica sugiere un patrón de comportamiento en "V": un diagnóstico de una enfermedad grave genera un periodo de "orden" o choque inicial donde el crimen baja, pero a largo plazo, quizás por desesperación económica, pérdida de empleo o estrés, la persona se vuelve significativamente más propensa a delinquir que antes de enfermarse.
El lado económico de la enfermedad
El cáncer afecta severamente las finanzas no solo del paciente, sino de la familia. El estudio reveló que un diagnóstico tiene un impacto negativo en los ingresos, la probabilidad de empleo y las horas trabajadas. Los pacientes pierden la capacidad de generar ingresos legales, lo que hace que las fuentes de ingresos ilegales se vuelvan repentinamente más atractivas. Los investigadores descubrieron que el impulso de infringir la ley era mayor entre quienes carecían de recursos financieros, como el monto para cubrir la renta de una vivienda.
Este estudio se centra en la población danesa, que tiene acceso a atención médica universal y gratuita. Imaginemos ahora lo que podría ocurrir en países como México o Estados Unidos. Los investigadores determinaron que el 42% de los pacientes agotan todos sus activos vitalicios dentro de los dos años posteriores al diagnóstico, y los sobrevivientes de cáncer tienen más del doble de probabilidades de declararse en bancarrota que las personas sin antecedentes de cáncer.
Pero esto no es todo, la falta de recursos económicos no explica todo el panorama. Si así fuera, esperaríamos ver un aumento únicamente en delitos como el robo o el fraude. En cambio, los datos mostraron un aumento relativo del 38% en delitos no económicos, incluidos aquellos de carácter violento.
El sistema judicial se basa en disuadir la comisión de delitos, mediante la amenaza de un castigo futuro. Pero ¿qué pasa cuando no se espera un futuro? La amenaza pierde sentido. Los investigadores hallaron evidencia de que «los pacientes con cáncer se enfrentan a un menor castigo posible debido a una menor probabilidad de supervivencia». Al desglosar los datos por tipo de cáncer, descubrieron que las personas que tenían menor probabilidad de sobrevivir a la enfermedad mostraron el mayor aumento en la actividad delictiva.
El aumento de la actividad delictiva tras un diagnóstico recae principalmente en los hombres. Esto coincide con tendencias criminológicas, según las cuales los hombres suelen ser más propensos a responder de manera delictiva a factores estresantes de la vida, como la pérdida del empleo, el divorcio o la enfermedad.
El estudio arrojó un dato todavía más curioso: los pacientes que buscaron ayuda psicológica tras su diagnóstico tuvieron 2,5 veces más probabilidades de cometer delitos que quienes no lo hicieron. Si bien esto puede parecer contradictorio, los investigadores argumentan que esta variable actúa como una señal de angustia, más que como una causa.
Buscar terapia sirve como indicador de la gravedad de la angustia mental de un paciente. Quienes se esfuerzan por buscar ayuda profesional son probablemente quienes sufren los impactos psicológicos más profundos. Por lo tanto, la correlación no sugiere que la terapia provoque la criminalidad, sino que el grupo específico de pacientes con mayor desgaste emocional es también el más propenso a la conducta delictiva.
Los apoyos económicos, claves para frenar la tendencia
Si la desesperación económica es un factor clave de este comportamiento, entonces el apoyo financiero debería funcionar como una herramienta de prevención del delito.
Los autores comprobaron esto analizando un experimento natural: la reforma municipal danesa de 2007. En los municipios que sufrieron un recorte en la asistencia social, la sensibilidad de la delincuencia a las crisis sanitarias aumentó. El estudio estima que el efecto del cáncer en la delincuencia fue significativamente mayor en las personas que vivían en zonas donde se redujo su red de seguridad social.
Lo anterior podría replantear que los programas de bienestar no son solo una obra de caridad, sino un mecanismo de seguridad pública. «Los programas de bienestar que alivian las repercusiones económicas de las crisis sanitarias son eficaces para mitigar las externalidades negativas resultantes en la sociedad», concluyen los autores.